La Policía Nacional, en una operación conjunta con sus homólogos colombianos, ha desarticulado una organización criminal en Madrid especializada en dar “vuelcos” a otros traficantes de droga para robarles dinero. Los agentes han detenido a cinco personas y han realizado cuatro registros en los que han intervenido casi 140.000 euros en efectivo, diferentes cantidades de sustancias estupefacientes, un vehículo y útiles empleados en los robos con violencia como inhibidores de frecuencia, pasamontañas o bridas. Incluso, en el momento del arresto, uno de los investigados portaba dos mochilas con 19 paquetes de un kilo de azúcar, simulando contener cocaína para cometer otro “vuelco”.
La organización utilizaba señuelos para hacer creer a los compradores de drogas que disponían de ellas y, una vez los habían engañado, los citaban en pisos de alquiler para ejecutar el robo con violencia. En uno de los “vuelcos” investigados, en mayo, los arrestados engrilletaron de pies y manos a la víctima, la golpearon con un arma, la privaron de libertad y le sustrajeron todo el dinero, dejándola malherida y huyendo del lugar.
Los miembros de la red tenían un reparto claro de funciones y una gran coordinación entre ellos. Había personas con la misión de mantener las reuniones para la supuesta venta de sustancia estupefaciente mientras que otras acudían a la cita con la víctima para materializar el robo violento una vez se cercioraba que tenía el dinero. Además, con el objetivo de dificultar el rastreo, había miembros en la organización que se encargaban de alquilar las viviendas en las que se ejecutarían los robos.
Durante las negociaciones de la supuesta compra, un grupo de personas se encargaba de preparar minuciosamente unos paquetes de azúcar como señuelos, envasándolos al vacío con el logotipo de una marca de ropa, simulando contener cocaína en su interior. A continuación, se los enseñaban a las víctimas a través de vídeo. En algunas ocasiones, cuando la víctima se mostraba reticente a culminar la transacción, se le suministraba droga real para realizar catas presenciales o “virtuales”. A cambio, el comprador remitía otro vídeo demostrando estar en posesión de todo o parte del dinero necesario para completar el negocio.




